También se afirma que la Thule-Gesellschaft contaba con una psíquica llamada Maria Orsitsch, que los convenció de que la raza aria no era originaria de la tierra, sino que venía de la estrella Aldebarán en Tauro, a unos 65 años luz de distancia. Una investigación ha demostrado que la medium Maria Orsitsch no formó parte de la Sociedad Thule sino de la Sociedad Vril, encargada de buscar nuevas tecnologías bajo principios y concepciones heterodoxos. La medium habría recibido un mensaje de Aldebaran para la obtención de una nueva tecnología antigravitacional que serviría en la construcción de aeronaves circulares no convencionales (OVNIs). Esta filosofía ocultista influyó en Víktor Schauberger un genio y estudioso inventor austríaco quien luego le propuso a Hitler crear la biotecnología. Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Aloys Kokaly empezó a trabajar con Viktor, quien se encontraba entonces diseñando objetos que volaran por medios biotécnicos. Estos diseños fueron probados por Hertl, una compañía industrial alemana, que reportó que la energía producida por estos inusuales mecanismos era difícil de controlar. Uno de los artilugios había atravesado el tejado de la empresa. En 1943 Viktor fue llamado a filas y después de un corto periodo de tiempo que pasó como comandante de una compañía de paracaidistas en Italia, continuó con sus diseños de aparatos, en esta ocasión un submarino que se basaba en el mismo principio de la turbina “truchera”. Himmler le invitó a continuar sus investigaciones en un centro situado en el campo de concentración de Matthausen. Su equipo de técnicos y físicos estaba formado por prisioneros del campo. Viktor estuvo un tiempo trabajando en este lugar. Luego comenzó un intenso periodo de estudio que le llevo a desarrollar un “platillo volante” que funcionaba según los principios de la turbina “truchera”. Los resultados de la investigación fueron al mismo tiempo un éxito y un fracaso. En una carta enviada al ministro de defensa de Alemania Federal, el 28 de febrero de 1956, escribió: “[después de un año] el primer platillo volante salió volando hacia el techo inesperadamente, en el primer intento, estrellándose contra él. Unos días más tarde apareció un grupo de norteamericanos, que parecían comprender qué estaba pasando, y se llevaron todo. Después de una completa investigación a cargo de un oficial de alto rango, me pusieron en prisión preventiva, vigilado por no menos de seis policías durante seis meses. Una parte importante de este aparato cayó en manos de los rusos, quienes la hallaron en mi casa” (p. 93-94, ibid). Los rusos volaron la casa de Viktor al marcharse, probablemente para destruir cualquier información que se les hubiera podido pasar por alto. Viktor había estado trabajando con un buen número de prisioneros de guerra rusos, que más tarde volvieron a la Unión Soviética. Se conjeturó que el rápido desarrollo en la carrera especial se debió en parte a las ideas de Viktor.
En 1956, recordando sus experiencias durante la guerra, Viktor escribía: “Al final de la guerra, fui confinado durante casi un año bajo custodia de las fuerzas americanas de ocupación, por mis conocimientos sobre la producción de energía atómica. Después de ser liberado, y bajo amenaza de arresto, se me prohibió emprender de nuevo cualquier investigación en el campo de la energía atómica, aunque tuviera que ver con nuevos aspectos de esta tecnología. Tras la firma del Tratado de Paz del Pacífico, reemprendí de nuevo mis trabajos. Desde el final de la guerra había perdido muchas cosas, así que el trabajo avanzó muy lentamente. Se me negó toda ayuda económica externa, lo que hizo que los prototipos fueran con mucho retraso, pero una vez que las patentes fueron otorgadas, todo se resolvió” (p. 94, ibid).
n 1952, Viktor y su hijo Walter fueron invitados al Colegio Técnico de Stuttgart por el profesor Popel, del Centro de Recursos y Gestión del Agua, para participar en ciertos experimentos. El motivo oculto de Popel era desacreditar los trabajos de Viktor, pero conforme avanzaron las investigaciones, el profesor se quedó sorprendido al comprobar que los resultados de las pruebas verifican las ideas de Viktor sobre las propiedades del agua y los principios de su movimiento.
A estas alturas de su vida, Viktor había soportado ya muchos años de tensión, con la guerra, con los interminables problemas económicos, con su trabajo infatigable y también por la cierta desesperación que le producía ver como la humanidad se iba apoderando de su querida Madre Tierra. Su salud se iba deteriorando, su corazón se hacía más débil y el asma le atacaba con fuerza. En el invierno de 1957/58, dos norteamericanos se acercaron a Viktor, atraídos por la reciente publicidad dada a su máquina de implosión (la turbina truchera). Viktor estaba todavía trabajando en perfeccionar su diseño, aunque públicamente había sido ya hecho suyo por grupos contrarios a la energía nuclear como una fuente alternativa de energía. Poco después de esa conversación, en junio del año siguiente, Viktor y su hijo estaban volando a Texas, en lo que iba a ser una visita de tres meses para verificar sus trabajos. Sus documentos, diseños y equipo fueron igualmente enviados a Estados Unidos. Nada más llegar, los Schauberger fueron confinados en una casa aislada en el desierto tejano durante los meses más calurosos del año. Los resultados de la investigación se enviaron a un experto en tecnología atómica para ser analizados, confirmándolos en un 100%.
Después de tres meses, Viktor expresó su deseo de volver a casa, pero sus anfitriones no querían dejarle marchar, especialmente tras unos resultados tan satisfactorios. Su intención era tener a los Schauberger trabajando para ellos durante los próximos años. Un mes más tarde, en septiembre, y tras sufrir una gran aflicción, se le dijo a Viktor que podía volver a casa si aceptaba aprender inglés. Tenía 30 minutos para decidir. Viktor tuvo que decir que sí, por supuesto, firmando un contrato que querían hacer extensivo también a su hijo, pero que Viktor rechazó, pues, como visitante, su firma le hubiera puesto inmediatamente bajo la ley norteamericana. El acuerdo incluía también un párrafo por el cual todos los trabajos de Viktor Schauberger deberían ser entregados a Mr. Robert Donner, incluyendo sus ideas y conocimientos del pasado, presente y futuro. Aunque destrozados por esta experiencia, a Viktor y su hijo no se les permitió descansar hasta que tomaron el avión que, tras 19 horas de vuelo, les llevaría a casa. Desgraciadamente Viktor perdió sus ganas de vivir y murió sólo cinco días después de regresar a casa, en Linz, el 25 de septiembre de 1958, a la edad de 73 años. Durante sus últimos días no hacía más que repetir “me lo robaron todo, todo, ni siquiera soy dueño de mi mismo”...."
Me ha parecido lo bastante interesante para compartirlo. El resto de la información sobre ésta sociedad secreta a la que en un principio había pertenecido Adolf Hitler se encuentra diseminada por distintos libros sensacionalistas en su mayoría, pero en la Wikipedia (de donde están extraídos estos párrafos) hay un breve resumen para quien quiera empezar a interesarse.
Vivimos en el lado ganador de un mundo post-apocalíptico. Y aún nos quejamos de crisis y vainas.
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Joooooder.
Y la de cosas que hay de las que no se sabe nada. Pobre hombre.